Hola, soy Connie Suarez Nistal, la autora de esta novela...
Comenzaré por presentaros los protagonistas de esta historia...
Este es Mitchell Stephen Buchanan, Mitch para los amigos, en su etapa militar.
Como Marine: Llegó al rango de Mayor.
Y aquí ya... como agente del FBI
Con su compañero, Adam Sheppard.
La Forense... Doctora Gordon... y esposa de Adam Sheppard.
Y la joven del laboratorio... Cindy Booker
En sus pesadillas recurrentes...
Su esposa Carrie...
Cuando se conocieron... en el parque... El día más feliz de Mitch.
Cuando él descubre que es ciega... pero a ella le divierte cuando él lo descubre...
No pasa nada... ¡ella parece que viera de verdad! Es de nacimiento y está acostumbrada.
Ella es divertida y alegre...
Aquí... tocandole el rostro para "ver" como es él...
El amor comenzaba, inevitablemente, a florecer entre ellos...
Y cada vez que se veían... era pura felicidad. Todos los problemas desaparecían cuando estaban juntos.
Paseaban, iban a la cafetería... De vez en cuando él iba sin uniforme... Y... cuando había que despedirse porque él tenía que irse de misión... Era la parte más dura... Pero él, viendo su felicidad, se iba tranquilo... al menos, en apariencia. No quería preocuparla... Aunque ella ya sabía lo que era tener a un Marine lejos... Su padre también lo había sido.
Ya no podían vivir el uno sin el otro… y decidieron casarse ante un juez de paz.
En una ceremonia íntima, sellaron su amor para siempre… acompañados únicamente por dos testigos (que, por cierto, no aparecen en la foto).
El beso... sella su amor... eterno.
Pero, como ya sabéis... su felicidad duró poco...
Esta es la foto que él siempre lleva en su vieja cartera y en el móvil. Ella se la dió un día de San Valentín.
Aqui pueden apreciar el colgante... Un ángel con las alas extendidas.
Pero después de aquel día trágico… Mitch nunca volvería a ser el mismo.
Durante horas, vagaba por las calles, sin rumbo y completamente ebrio, caminando sin saber —ni importarle— adónde iba. Recorría la ciudad como un hombre que había perdido el rumbo, con la mirada vacía y la mente atrapada en unos recuerdos de los que no podía escapar ni acallar.
Bebía para olvidar… para adormecer el dolor, aunque solo fuera durante unas horas…
Perdía la noción del tiempo...
Vagaba durante horas por las calles, apenas consciente de lo que ocurría a su alrededor, hasta que, a veces, terminaba tambaleándose por algún oscuro callejón, completamente borracho y totalmente perdido.
Hasta que, finalmente, se convirtió en agente del FBI… Había encontrado un propósito: localizar al responsable de la muerte de su esposa y asegurarse de que se hiciera justicia.
Pero convertirse en agente no borró su dolor. Incluso después de todos aquellos años, los recuerdos siguen atormentándolo. Cuando el dolor se vuelve insoportable, a veces vuelve a recurrir al alcohol, intentando adormecer ese sufrimiento y olvidar, aunque solo sea por un rato…
Todos sabemos que los agentes del FBI se someten periódicamente a evaluaciones psicológicas, además del entrenamiento con armas de fuego y otras evaluaciones obligatorias…
Así que, cuando a Mitch le ordenan acudir al psicólogo del FBI, es algo que detesta por completo.
—Mi vida no es asunto de nadie.
Pero no tiene escapatoria. Tiene que ir…
El psicólogo resulta ser una mujer hermosa… pero Mitch apenas se da cuenta.
Su mente está en otra parte, encerrada tras los muros que ha levantado a su alrededor. No está allí para conocer a nadie; está allí porque el FBI se lo exige, y piensa pasar la evaluación y marcharse.
Aquí vemos algunas escenas de sus evaluaciones psicológicas…
La primera es breve. Mitch se irrita casi de inmediato, se cierra en banda y, finalmente, se levanta y sale de la consulta.
En las sesiones que siguen, ella empieza a profundizar más… poco a poco y de forma estratégica, buscando cuidadosamente la manera de conseguir que Mitch se abra y hable.
Pero Mitch no es un paciente fácil. Se resiste a cada intento de atravesar sus defensas, sintiendo que están invadiendo su intimidad… y todo aquello que lleva tanto tiempo manteniendo enterrado en lo más profundo de sí mismo.
En una de sus últimas sesiones, ella finalmente consigue llegar a la parte más vulnerable de Mitch. Lo guía suavemente hacia los pocos momentos realmente felices que puede recordar… el día que conoció a su esposa, la vida que compartieron, los recuerdos que aún guarda con cariño.
Y entonces, algo dentro de él se rompe.
Las lágrimas comienzan a acumularse en sus ojos y, antes de que pueda contenerlas, terminan desbordándose. Él aparta rápidamente la mirada, intentando ocultar el rostro y secarse las lágrimas antes de que ella pueda verlo.
Odia esto. Odia sentirse expuesto. Odia que alguien vea ese lado más sensible y vulnerable de él. Se supone que debe ser el tipo duro… el Marine, el agente del FBI que nunca baja la guardia.
Pero, por una vez, las lágrimas ganan.
Buchanan continúa atormentado por las pesadillas recurrentes sobre su esposa…
Incapaz de dormir, se levanta de la cama y baja hasta su coche, aparcado en la calle, frente a la casa. Se acomoda en el asiento del conductor y permanece allí durante un rato, intentando despejar la mente y respirar el fresco aire de la noche.
Finalmente, regresa a casa, se mete en la cama e intenta dormir… pero su mente sigue a toda velocidad, con los pensamientos agolpándose en todas direcciones.
La resaca de la noche anterior todavía sigue haciendo estragos…
Entonces, de repente…
¡Suena el timbre de la puerta!
—¿Pero qué…?
De repente, una ducha de agua helada cae sobre él…
Adam estalla en carcajadas.
—Vaya Marine que estás hecho… 😁
Mientras Mitch termina de ducharse y vestirse, Adam asalta la cocina, rebuscando por los armarios y el frigorífico en busca de cualquier cosa que pueda servir.
Unos minutos después, ha preparado un dudoso remedio para la resaca con los restos de todo lo que ha podido encontrar.
Mira el turbio brebaje que hay en el vaso.
—Suficiente.
Sonríe.
—Si esto no le espabila, no hay nada que pueda hacerlo.
En cuanto se acerca a la cocina... Adam ya le tiene preparado el brebaje...
Cara de asco...
Cuando, por fin, ya sale vestido... Aunque sin afeitar esta vez.
Unos dias mas tarde...
Cuando Cindy, la joven del laboratorio, le entrega el informe con el resultado de la inspección del artefacto encontrado incrustrado bajo el sillín de la moto...
En aquél día de la fiesta benéfica...
Un poco de ocio no viene mal...
Los primeros en llegar son los Sheppard: Adam y Tiffany...
Luego llega Buchanan... algo despistado... Observa el ambiente...
Al verlos saluda aliviado...
Cindy Booker, la del Laboratorio, lo intercepta...
Finalmente va a reunirse con los Sheppard... Se saludan y se van a sentar a una mesa...
Y en eso están cuando aparece Hannah...
Despues de ella bailar a su aire en la pista... Invita a Mitch a bailar con ella...
Ya que está en el ambiente... decide complacer a la joven... Y se divierte realmente... haciendo lo que puede...
Mientras Hannah va a sentarse, Mitch apenas tiene tiempo de moverse... ya que Cindy le vuelve a interceptar...
No he conseguido que la IA hiciera que le diera un bofetón... 😂🤣
Y entonces aparece... la Doctora Barjani...
Y... por supuesto... la invitan a unirse a ellos en la mesa...
Mientras sigue la velada... charlan, rien, y bailan... Sí, Mitch no tarda en sacarla a bailar...
Y tras bailar un par de piezas...
Tras la explosión... En URGENCIAS, en el hospital...
En la UCI... Mitch lucha por su vida...
Las primeras horas con transfusión de sangre...
Mientras... Adam está ya fuera de peligro pero aún bastante grave.
Tiffany, su esposa no se aleja de su lado...
Adam insiste en ver a su amigo y compañero...
Al verlo en semejante estado, se le cae el alma a los pies...
Tras el terrible susto y la urgente desfibrilación, finalmente consiguen salvarle la vida…
Entonces fue trasladado a una habitación...
Después de aquel momento en el «Otro Lado»…
Mitch llamaba a su amada esposa.
Banita solo pudo observarlo… con tristeza y profundamente preocupada.
Banita, como sabemos, ya no se apartaría de su lado.
Mitch aún no podía tomar líquidos, así que ella cuidaba hasta del más pequeño detalle.
Con infinita delicadeza, le refrescaba los labios resecos con unas gasas humedecidas en agua fresca…
Un pequeño gesto de cariño y cuidado que, en aquellos momentos, significaba muchísimo.
Poco a poco, tanto Adam como Mitch van recuperándose…
Adam ya está bastante mejor y, cuando puede, se acerca a verlo, todavía con muletas y apoyándose en Tiffany, la forense… su esposa.
A veces llegan y lo encuentran profundamente dormido, todavía bajo los efectos de la medicación.
Pero, de vez en cuando, Mitch los oye.
Y aunque apenas puede reaccionar, una leve sonrisa aparece en sus labios…
Esa característica sonrisa ladeada tan suya.
Mientras se va recuperando... Banita lo "mima" un poquito. Lo afeita, lo lava la cara, etc... y no se aparta de su lado... A veces, de cansancio, apoya un poco la cabeza sobre su regazo y se queda dormida...
Poco a poco él se va dando cuenta de lo mucho que la necesita... sin saberlo... Aprecia todo lo que ella está haciendo por él. Aquí en un tierno gesto...
A veces lo ayuda a comer, otras le trae ella de su casa comida casera hecha por ella: sopas, pudines, y cosas blandas...
Aquí en un gesto divertido...
¿Recuerdan cuando ya está mejor y le preparan ese día especial? Sí, el del cumpleaños... solo 43 😁
Un día, mientras duerme, entre todos, aunque la idea fue de Hannah, organizan una decoración en la habitación: globos de Ponte bien pronto y de Feliz Cumpleaños...por supuesto.
Cuando despierta y ve ese despliege de colores, se sorprende y sonríe de lo que han tramado...
Al final, todos celebran el 43 cumpleaños de Mitch como si fuera el primero de su vida...
Entran en la habitación gritando ¡Felicidades Mitch!
Y aquí están todos…
Hannah le ha traído una tarta de cumpleaños de chocolate, con una única vela.
Un pequeño gesto… pero que significa muchísimo para Mitch.
Aquí lo tenemos, soplando esa pequeña vela…
Su primer cumpleaños desde aquel trágico accidente.
De alguna manera, casi parece como si Mitch hubiera recibido una segunda oportunidad en la vida…
No, espera… una tercera oportunidad.
Como si hubiera vuelto a nacer... por tercera vez.
A pesar de todos aquellos momentos en los que no había querido seguir viviendo, de alguna manera… la vida se había negado a dejarlo marchar.
Y, naturalmente, sus amigos no están dispuestos a dejar que el momento se vuelva demasiado sentimental…
—¡Vamos, Mitch! ¡Solo es una vela! ¡No habrías podido apagar cuarenta y tres! 😁
Después, todos compartieron la tarta y tomaron refrescos, porque en el hospital no estaba permitido beber alcohol…
Al menos, en teoría.
¡Nada de champán! 😁
Después de un largo periodo en el hospital, Mitch recibió finalmente el alta…
Pero aquello aún no había terminado.
Por mucho que deseara volver al trabajo, todavía no estaba preparado. Le esperaba un largo camino de rehabilitación y terapia intensiva antes de poder siquiera pensar en recuperar su antigua vida.
Por suerte, no tendría que afrontar todo aquello solo.
Todos sus amigos estaban allí para él, dispuestos a ayudarlo, animarlo y permanecer a su lado en cada paso del camino.
Cuando conoce a Anura:
Quedaron en verse en el parque...
Aquí, Mitch sentado en un banco del parque mientras las espera... ¡con el osito del FBI!
Llegan Banita y Anura...
Banita lo busca...
Él las ve... y se levanta...
Banita ya le ve... y a Anura se le iluminan los ojos... ¿intuye?
La niña se suelta de la mano y se adelanta, nerviosa...
Al ver que la niña se acerca, Mitch se prepara para saludarla…
Pero no tiene ni idea de cómo hacerlo.
Por alguna razón, se siente nervioso… incluso un poco torpe, como si de repente no supiera muy bien qué decir ni cómo comportarse.
Mientras la niña empieza a acelerar el paso hacia él, Mitch levanta el osito y se lo muestra, haciéndolo juguetear suavemente entre sus manos…
Como si aquel pequeño gesto fuera la manera más sencilla de romper el hielo.
Finalmente, abre los brazos para recibirla…
Sin pensarlo, sin darse cuenta siquiera, algo dentro de él simplemente sabe qué hacer.
Es su instinto de padre…
La niña acelera cada vez más el paso hasta que, finalmente, llega junto a él…
Y, sin pensárselo dos veces, se lanza a sus brazos con tanta fuerza que hace perder el equilibrio a Mitch y ambos terminan en el suelo.
Pero lo que realmente deja a Mitch atónito no es la caída…
Son las palabras que la niña pronuncia mientras se aferra a él…
Mitch se queda boquiabierto, completamente paralizado, sin saber cómo reaccionar durante unos segundos…
Esa palabra…
¿Acaba de llamarlo “Papi”?
¿Cómo es posible?
Poco después, sentados en un banco del parque, permanecen abrazados como si se conocieran de toda la vida.
Como si aquel encuentro no fuera el primero…
La niña le da un beso en la mejilla y, con toda naturalidad, le susurra:
—Te quiero…
Mitch la mira, desconcertado.
Hay algo en aquella niña que le resulta extrañamente familiar… algo que no sabe explicar, pero que siente profundamente.
¿Cómo puede una niña que acaba de conocer quererlo de esa manera?
¿Cómo puede sentirse tan cómoda entre sus brazos… como si hubiera estado allí antes?
Si ni siquiera se conocen…
¿O quizá… sí se conocen, aunque ninguno de los dos pueda recordar cómo?
Para Mitch, aquella niña era la criatura más dulce… y más bonita que había visto jamás.
Pero entonces se miraron a los ojos…
Y Mitch se quedó inmóvil.
Esos ojos…
Había algo en ellos que le resultaba inquietantemente familiar.
Tan familiares que, por un instante, sintió como si estuviera mirándose al espejo.
Eran sus propios ojos…
Una comparación... De tal palo tal astilla. Ya no había duda...
Para Mitch, todo aquello parecía un sueño…
Mientras tanto, Banita observaba la escena en silencio, con lágrimas de emoción asomando a sus ojos.
En el fondo, acababa de confirmar aquello que siempre había sentido… que existía un vínculo inexplicable entre Mitch y su hija, Anura.
Ahora, al verlos juntos, ya no tenía ninguna duda.
De repente… todo encajaba.
Banita observaba cómo, poco a poco, aparecía ante ella un Mitch que apenas conocía…
Un Mitch juguetón, despreocupado, que se dejaba llevar por los juegos de Anura y reía a carcajadas con ella.
Se abrazaban, jugaban, volvían a reír…
Y, por un momento, Mitch parecía simplemente feliz.
Banita lo contemplaba con una sonrisa, emocionada al descubrir aquel lado de él que nunca dejaba ver.
Después, Mitch se acercó a Banita.
Se abrazaron, mientras él seguía pensando en lo ocurrido.
Aquello había sido… extraño.
Por un instante, se preguntó si Banita le habría dicho algo a Anura para que fuera tan cariñosa con él.
Pero no… aquello había salido de la niña de una forma tan natural y espontánea que resultaba imposible imaginar que alguien se lo hubiera pedido o sugerido.
Mitch sacudió ligeramente la cabeza, como intentando apartar sus pensamientos.
Ya tendría tiempo de pensar en ello.
Por ahora, simplemente sonrió y dijo:
—Qué niña tan encantadora tienes.
Banita, espontanea, no puede evitar darle un beso...
Pero él... no pudo evitar levantarla y darle un beso de amor... Era feliz... por primera vez en muchisimo tiempo... ¿Quizá se estaba enamorando?
Anura los observaba feliz, abrazada a su osito del FBI. Le había hecho mucha ilusión.
Aquí... unos momentos de Familia Feliz...
Después, decidieron montar un divertido picnic improvisado en el parque…
Sin planes, sin prisas y con muchas risas de por medio, simplemente disfrutando de aquella inesperada y agradable tarde juntos.
Luego los tres hicieron el payaso antes de irse a casa de Banita...
Donde Banita preparó una suculenta cena...
Ya parecían una familia de verdad...
Anura incluso quiso vestirse para cenar... Era una ocasión especial.
Como ya sabemos como termina... vayamos a la boda... Estáis todos invitados!